El necesario sol del invierno nos proporciona la vitamina d que necesitan nuestros huesos

EFE. 06.10.2013 – 15:03h

La vitamina D es fundamental en el organismo para la fijación del calcio, así como otros minerales en los huesos. La principal forma de adquirirla es estando expuestos al sol. Sin embargo, el sol es también considerado un enemigo de nuestra piel. Así, el uso de protectores solares ha provocado un déficit de esta sustancia en la población aumentando los casos de enfermedades óseas. Quienes viven en grandes ciudades son propensos a carecer de vitamina DLos dermatólogos nos repiten que hay que protegerse del sol, pero poco nos hablan de los beneficios que tiene el sol para nuestro cuerpo. Uno de los más importantes es su participación en la síntesis de la vitamina D, la cual es utilizada por el organismo para incrementar la concentración de calcio, favorecer la optimización del depósito mineral óseo en el esqueleto y la actividad de remodelado óseo. En pocas palabras: mantener sanos a nuestros huesos. Lo que está ocurriendo, de acuerdo con los expertos, es que ahora tratamos de cuidarnos tanto de los rayos solares, que la exposición se ha vuelto mínima, generando que haya un aumento en enfermedades relacionadas con la falta de esta vitamina. Por ese motivo, la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular (SEQC), realizó una monografía llamada Vitamina D: Una perspectiva actual, en la que repasan las consecuencias de un déficit de esta sustancia. En el ser humano hay dos fuentes de vitamina D: D2 y D3. Mientras que la primera es la que se adquiere a través de los alimentos, la segunda y más necesaria, se consigue por medio de los rayos del sol. A este proceso se le conoce como fotobiogénesis. El tiempo que tarda la síntesis de la vitamina D depende de la edad (las personas mayores tardan más), de dónde se vive, las costumbres y la tonalidad de piel (cuanto más oscura, más tiempo al sol requiere). Absorver vitamina D depende de edad, costumbres, tonalidad de piel y dónde se vivaSegún la SEQC, otros factores que limitan la exposición cutánea a la luz solar son las condiciones meteorológicas o geográficas desfavorables, la polución atmosférica o la vestimenta. Los expertos afirman que las personas que viven en grandes ciudades o que han estado hospitalizadas por mucho tiempo también son propensas a carecer de vitamina D, pues no reciben la luz del sol. “Edificios altos que impiden la llegada de los rayos solares a la superficie, la escasez de espacios abiertos suficientemente soleados, la contaminación atmosférica con capacidad para bloquear la radiación ultravioleta efectiva para sintetizar la vitamina D, y un hábitat propio con viviendas oscuras favorecen el desarrollo de estados carenciales de la vitamina”, señala la monografía. La vitamina D2 se encuentra en muy pocos alimentos, lo que significa que tampoco es suficiente para satisfacer las necesidades del cuerpo. Apenas puede mencionarse alimentos que contengan altas cantidades de vitamina D: pescados azules, la yema de huevo y las setas shiitake, enumera la SEQC. Buscar el sol: más tiempo al aire libre El estudio arroja entre sus resultados que el déficit de la vitamina D aumenta durante el invierno en un 40% en adultos, motivo por el que las personas deben pasar más tiempo al aire libre en esta época del año, además de consumir pescado y complementos vitamínicos recomendados por un médico. Durante el verano no hay que dejar de usar el protector solar, pero los especialistas recomiendan colocarlo un poco después de haber estado expuesto al sol, de esta forma, habrá un periodo de 15 o 20 minutos en los que la piel reciba directamente los rayos. Cada piel es distinta y el tiempo de la síntesis varía, por lo que es recomendable acudir a un dermatólogo para que nos oriente. La carencia de vitamina D ha traído de vuelta enfermedades que ya se tenían controladas en países desarrollados como el raquitismo y la osteomalacia, de acuerdo con la investigación. El raquitismo, enfermedad infantil, determina un retraso de crecimiento y el desarrollo de deformidades óseas graves. En el caso de los adultos puede ocurrir lo mismo, pero lleva por nombre osteomalacia. Aquí, existe una pérdida considerable de masa ósea que trae como consecuencias posibles caídas y fracturas graves.

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